El brasileño Vinicius pide perdón a la afición del Real Madrid tras marcar el segundo gol.
El brasileño Vinicius pide perdón a la afición del Real Madrid tras marcar el segundo gol.
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EFE

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Real Madrid ganó, pero no se escapó de los silbidos de su afición

Con goles de Vinicius y Mbappé, el equipo merengue derrotó 2-1 al Alavés.

Vinicius y Mbappé lideraron frente al Alavés (2-1) una redención sin brillo en el inicio de la travesía por el desierto del Real Madrid, sin títulos por los que pelear salvo hecatombe del Barcelona en la Liga y necesitado del perdón de una afición que se marchó silbando a su equipo.

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El conjunto blanco venía de su mes más desconcertante: tres derrotas y un empate que le dejaron fuera de la Liga de Campeones y de la Liga que solo puede salvar un milagro. La última caída, la del Allianz Arena ante el Bayern Múnich, al menos tuvo el consuelo del orgullo.

Hubo silbidos, sí, pero de esos que suenan más a rutina que a rebelión. Alcanzaron a los jugadores cuando saltaron al terreno de juego y a Vinicius cuando su nombre salió por megafonía y en sus primeros contactos con la pelota. También a Camavinga, cuando apareció en el último tramo. El estadio, acostumbrado a la gloria, parecía haber firmado una tregua con la decepción. Una resignación extraña para un curso que amenaza con terminar en blanco.

El Real Madrid se movió sin chispa, como si aún llevara el peso de sus últimos tropiezos.

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Media hora duró ese letargo. Hasta que apareció Mbappé. No fue un gol de catálogo, sino de billar torcido. Jonny Otto actuó de pared involuntaria dos veces: primero en la jugada con Güler, después en el disparo del francés desde fuera del área. La pelota, caprichosa, tocó de nuevo en él, desvió su rumbo y dejó vencido a Sivera.

Vinicius fue quien transformó los silbidos tibios en aplausos con un gol de los suyos, de esos que no admiten réplica: disparo lejano, seco, ajustado, y 2-0. Y, además, pidió perdón. Ahí se acabó la historia. El Alavés no estaba para aventuras y el Real Madrid tampoco para seguir jugando con fuego.

El resto fue un epílogo con un último sobresalto. Antes, Mbappé probó a Sivera y Brahim acarició el 3-0, pero un defensa sacó la pelota bajo los palos. Poco más. El Real Madrid administró la ventaja con oficio y cuando parecía que iba a arrancar un perdón discreto del Bernabéu, consiguió los silbidos de sus aficionados con el gol de Toni Martínez en el minuto 94 que siguió a un cabezazo al palo de Parada.

El Alavés murió en la orilla y se quedó a expensas de lo que haga el Elche ante el Atlético de Madrid: si gana, terminará la jornada en puestos de descenso.

EFE

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